Me he parado desnuda en frente del espejo.
Ésta será una comulgación no convencional
en la que sólo yo puedo ser causa y efecto.
Daré gracias por todo lo que me ha sido dado 
y lo que me ha sido prohibido;
abriré el pecho a la par de la boca 
y la vida se me disolverá en el paladar en ciclos de 365 días.
Derramaré todas las lágrimas que tengo, y cuando termine, algunas más.
Confesaré todos mis fantasmas,
y forjaré mi propia forma de rezar:
Gracias por los hospitales.
Gracias por el fuego.
Gracias por las cartas a través del continente.
Gracias por mis pies de cementerio y de Mar Mediterráneo.
Gracias por el grito necesario.
Gracias por las canciones al oído.
Gracias por la partitura que todavía no escribí.
Gracias por darme todo y arrebatármelo de un golpe.
Gracias por el vicio de apostar el alma entera.
Gracias por la muerte, y la paz de la muerte.
Gracias por no evitar la soledad.
Gracias por los hombres que me han dado la espalda.
Gracias por la combustión de las miradas.
Gracias por el tacto de verano en pleno invierno.
Gracias por el sexo.
Gracias por los besos.
Gracias por la escritura como orgasmo, 
como espasmo,
como el óxido y los huesos hechos trizas y cenizas 
de aquellos que ya no habitan más mi hogar.
Gracias por los abrazos rotos del pasado.
Gracias por enseñarme que es más sano perdonar.
Gracias por expulsarme de tu casa 
para hacerme abrir la boca.
Gracias por la luz.
Gracias por la danza.
Gracias por las sombras al final del corredor.
Gracias por los duelos nucleares.
Gracias por las radiaciones cardio-vasculares.
Gracias por la gracia del presente
y por hacerme ver de nuevo
que las lágrimas son tinta, 
que yo, lienzo...
y que llorar es sólo otra forma de escribir.
Hoy (me) miro al espejo y digo:
gracias por el fin que da a luz a otro comienzo.


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Este es el último capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos:

8/12: Papá
9/12: Conmigo


I.
Viene.
La escritura viene a mí como si fuera bocanada, y fuego, y orgasmo.
Hoy podría decir que prefiero carne viva y arder en este infierno de la urgencia con tal de liberarme las palabras.
"Esto es una expulsión necesaria."

II.
Mi hermana ha adoptado un nombre para mí que deriva de la cursilería.
He pasado temporadas negándole el adiós al primer hombre que me ha visto desnuda.
He quemado una carta y las manos me han devuelto huesos hechos trizas.
Y nada de todo lo anterior tiene relación, o carece de sentido, o tal vez ambas.

III.
Me vengo.
Exorcizarme a través de las palabras es mi forma de gestar un mundo dulce de definiciones no convencionales.
Escribir sobre el chico de un ojo verde y el otro a destiempo es liberar un deseo al universo:
quiero poder decir su nombre sin saltarme un latido.
Echar al viento el secreto de una adolescencia a la deriva es ejercer mi propia cremación.

IV.
Los labios en O me recuerdan al verano con los ojos emulando el movimiento.
He creado un nombre para él: Enero.
Y para él también: Pacífico.
Un mundo, una cremación, y mi propio diccionario.

V.
Búscame donde los ríos, y la tierra, y los vientos que dan contra la cara;
donde el sol, y la noche, y la ruleta rusa del día después;
donde el cúmulo de todas las ciudades.
Me lo he inventado todo...
En realidad, ya me he ido.



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Este es el ante-último capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el último y próximo capítulo,
S.

De tanto en tanto salgo a pelarme la piel.
Tomo el fruto con las manos y lo hago propio:
la semilla será el alimento a mis plegarias.
Beberé a la salud de aquello que no fue.
Escribiré una palabra con labial en la pared:
viva.
Luego me arrepentiré y escribiré otra a su lado:
carne.

Divulgaré secretos para vaciarme en impulsos:
1. una noche de enero con el sexo hacia el cielo.
2. una carta con perfume a Océano Pacífico.
3. el padre que he sabido perdonar.
4. el matrimonio de mi madre con el cáncer.
Esto es una expulsión necesaria.

Anotaré un nombre en la palma de mi mano:
Francia,
y en aquel mismo instante 
sabré que no me pertenezco;
me habré ido.

Disolveré las fronteras de adentro hacia afuera;
expulsaré los fantasmas.
Me haré luz, y viento, y marea;
daré a luz a mi propia oscuridad:
esto es mi cuerpo,
este es mi fruto,
esta es mi sangre.

Y luego...
pronunciaré el silencio como mi propia religión.



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Este es el décimo capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.
 
En una esquina se guardan todos los recuerdos de un amor a la intemperie,
y a mitad del continente me he echado de rodillas a rezarle a un Dios ajeno
disfrazado de país:
déjame-entrar.
He sembrado huellas a la orilla de un destino que luego me ha sido denegado.
La tierra tiembla por debajo de mis pies, 
¿o es el desamparo después del huracán?
He caminado unas mil veces en la misma dirección:
el abrazo hecho vocablo,
la boca del hombre que me hizo mujer,
la muerte de un deseo puesto a dormir entre las hierbas:
él no.
He tratado de buscar explicaciones.
He perdido el Norte.
He pintado las paredes de una casa pronunciando un adiós con la yema de los dedos.

He logrado encontrarme como resultado de las restas:
sola,
sacudida,
cubierta de polvo como después de una explosión al borde de mis pies;
aturdida por las voces que me han dicho:
ve-a-buscarlo.
Y sin embargo,
la respuesta ha sido una,
cada vez:
lo he intentado.

He logrado encontrarme
hecha trizas,
molida por el tiempo,
con el corazón entre las manos
y sin señales de alquiler:
yo-conmigo.

He logrado encontrarme
sola,
acontecida,
confundida,
y sin pautar ningún destino...
En mi propio camino a la reconstrucción.



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Este es el noveno capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

Mientras un hombre dice "el poema necesita respirar" me siento a esperar el invierno.
Ha llegado, por lo menos para mí.
Mientras los pies me suspiran historias cruzando el Atlántico, mis manos lloran cenizas.
"El poema necesita respirar."
Entonces, escribiré un poema sobre los duelos,
o tal vez sobre los vuelos,
o no,
quizás sobre los altos y los bajos que engendraron la semilla.
"El poema necesita respirar" y yo necesito este brote de palabras que son bocanada de oxígeno después del vendaval.
Me revivo. Con cada palabra me re-vivo las penas, los llantos, la tristeza.
Una infancia de mano sobre mano sobre mano porque el invierno ha llegado, y en mis manos, el frío.
Una adolescencia de nacerme turbulencias hacia adentro:
Papá cambia de piel y esto es un invierno tácito.
Una juventud de cementerios y hospitales
- ¿Lo ves? Hasta en el cementerio crecen pinos.
"El poema necesita respirar."
En la fotosíntesis la luz, y en mi luz la oscuridad:
Papá ha cambiado de piel y me ha sembrado una adolescencia a la deriva;
Papá y yo y la distancia y el rencor y la culpa de que una enfermedad se nos fuera de las manos...
A Papá le ha nacido un invierno hacia adentro,
y más tarde, sus huesos pasaron por mis manos, las mismas manos de frío y de infancia y de nido.
"El poema necesita respirar."
Papá, te suelto en un viento de cenizas y dejo que encuentres tu canción.
He nacido de ti, y tú has logrado renacer de mis manos de invierno, de cuna, de exilio.
Me nacen flores Papá, me nacen flores hacia adentro:
he aprendido a perdonar.
"El poema..."
Me siento a escribir porque el poema necesita respirar;
o no, tal vez porque escribir es una forma de aprender a exorcizarme los inviernos...
entre otras cosas.


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Este es el octavo capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

"Jamás he olvidado a alguien con quien he compartido algo, porque cada persona tiene sus cualidades propias. No se puede reemplazar a nadie, lo que se pierde se pierde.

I.
Dreno.
Me siento a drenar de la única forma que sé: en palabras.
Jamás he podido olvidar a quienes pasaron por mi vida, no del todo, 
y hoy acepto que he de convivir con esto por el resto de mi vida.
Nunca he podido enterrar el pasado, es más, me he saltado el funeral.
Mi duelo es eterno porque nunca he dejado de extrañar.
Mi forma de vaciarme es, en realidad, cambiarme este vestido que elegido: las palabras.
Lo acepto.
Todo lo que ha pasado hasta esta instancia me trajo hasta aquí:
las ambulancias, los poemas en medio de la clase, N tomándome de la mano para no dejarme ir, L escribiendo "te quiero" para cruzar un continente, H de hija de huérfana de herencia de huesos.

II.
Asumo que esta vez me toca virar las palabras hacia adentro, aunque esto implique un desastre natural.
El mar corre por dentro en este continente, el mío; y no figurar en el mapa es parte de una decisión.
He encontrado una forma de convivir conmigo misma: aceptar mi propia convulsión como una convicción; hacer de este temblor el poema de todas las ciudades, sin jurisdicción ni formalidades; navegar en carne viva.
Todo lo que ha pasado hasta esta instancia me trajo hasta aquí.
Y la tormenta me ha enseñado.
Y aún sigue la búsqueda (¿es que acaso alguna vez termina?)
Y sigo sola, entendiendo que la marea es mi camino.

III.
He creado una cuna, un hogar, una lengua.
Me ha nacido un continente.
He aprendido a ser mi madre, mi padre, mi amiga, mi llanto.
Hoy acepto el silencio
y entiendo que el compás lo llevo dentro.
Hoy sé que mientras siga la marea
me esperan nuevas formas de drenar.




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Este es el séptimo capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

Las fronteras.
Los vidrios empañados.
La doble faz.
Los hospitales.
La distorsión.
La lluvia intermitente.
La cantidad de veces que late el corazón en una noche.
La falta de acentos y comas y puntos
El duelo de los hombres que han pasado por mi cama.
La corrupción de los relojes y los calendarios.
El jet lag del amor sin compromisos.
La amistad entre el hombre y la mujer.
El clima en estos días.
Mi coherencia.
Mi forma de escribir...
todo.

Es necesario navegar hacia la niebla
sin saber lo que me espera;
dejar de escapar de la temporada de tormentas...

Es necesario el caos de la ciudad,
esta fuga de la red de contención,
la incertidumbre...

Es necesario el silencio
y entender que esto es parte de la búsqueda
aunque mi búsqueda aún no tenga dirección...

no estar segura
del todo
de nada...

es necesario.




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Este es el sexto capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

A la adolescente que vivió en este cuerpo hace 10 años atrás:
No tengas miedo,
llegará el día en el que desistirás de encontrar la perfección en el espejo,
te abrirás de piernas al mundo y lo recibirás sin temor a perder la virginidad,
y con el mundo vendrán todas las ciudades que te harán abandonar poemas en un libro de París.
No tengas miedo,
la sucesión de las lunas es necesaria para que el ciclo vuelva a comenzar.
Te romperán el corazón y sanarás.
Perderás todo cuando menos lo esperas y volverás a ponerte de pie.
Transformarás las cadenas en raíces temporales: 
cuando quieras llevarás el hogar a tierra ajena
y entenderás que el hogar corre por dentro.
No tengas miedo,
llorarás con ganas,
llorarás el Sena, el Danubio y todo el Mar Mediterráneo.
Llorarás porque en el llanto se esconde tu forma natural:
la lluvia.
Buscarás formas nuevas de auto-desafiarte solo por sentirlo dentro
y no porque sientas una deuda con terceros;
encontrarás la forma de ser fiel a tu manera de concebir la poesía:
serás la convulsión de todas las ciudades en el cuerpo.
No tengas miedo,
olvidarás a N una noche de verano y a L en el otoño de 2012. 
Las cartas del Pacífico cesarán de llegar hasta tu puerta 
y  las historias inconclusas te enseñarán que mereces más que tres puntos suspensivos.

A la adolescente que vivió en este cuerpo hace 10 años atrás:
No tengas miedo,
aprenderás a aceptarte como has venido al mundo,
desnuda,
llorando la luz,
clamando el oxígeno;
aprenderás que el miedo no se salta,
se atraviesa.

ABRIRÁS LOS OJOS.


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Este es el quinto capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

Digo: sólo en invierno puedo escribir sobre la historia nosotros.
He comenzado un desafío para incinerar fantasmas y quebrar mis propios límites,
o no,
quizás es una excusa para hablar de la historia de nosotros,
aunque en realidad
todavía estamos en otoño.

Escribiré sobre nosotros en todas las versiones:
nosotros conviviéndonos la adolescencia,
nosotros apostando la amistad, 
nosotros abrazándonos en una esquina de Palermo,
nosotros tensando la cuerda que nos une.

Escribiré sobre vos en todas tus versiones:
el chico que se aleja a paso lento y desaparece en las esquinas,
el que envía alianzas y palabras de amor desde el Pacífico;
el que me sostuvo la mano y entre las manos el mundo;
el que supo verme mejor de lo que yo me vi a mí misma.

La historia de nosotros,
en la que yo soy la única constante y vos cambiás de nombre:
7 lunas de enero a la intemperie;
la contra-cara de la luna en California;
una confesión en luna llena - te quiero más que al futuro y al pasado, te quiero hoy;
el cuarto creciente después de tu canción.

Escribiré sobre nosotros en todas mis versiones
porque escribir sobre nosotros es escribir sobre mi historia,
porque aunque sea una excusa no deja de ser necesidad:
escribir sobre nosotros para sentirme más liviana,
escribir para admitir(me): 
te quise; te quise porque sí.

Escribiré el cuarto mandamiento a las 12 de la noche:
escribir sobre la historia de nosotros 
para engendrar la luna nueva.


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Este es el cuarto capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

Los funerales.
La escuela de las lágrimas.
La felicidad en espera.
La vida de oficina.
Las pesadillas de ahogo.
Las palabras tempestivas.
Los sótanos de flashes de la infancia.
Los besos lanzados al olvido.
Lo dicho como una bofetada del espacio.
Lo callado creciendo raíces hacia adentro.
La toxicidad que se confunde con amor.
Los deseos que me han hecho creer que son prohibidos.
Los mandamientos que me atan de manos.
Las mentiras que me han amordazado.
Las terapias intensivas.
Los últimos atisbos de latido.
Todos mis demonios,
todos...
Los entrego a la noche
para que ella haga con ellos lo que quiera.

Confesaré mis demonios
como una promesa de fidelidad
hacia mi propia identidad,
y cuando llegue la noche rezaré 
esta promesa inaudita
de borrar(me) los acentos y escribirme:
ahora y siempre por los siglos de los siglos,
AMÉN AMEN.



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Este es el tercer capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos. 
Hasta el próximo capítulo,
S.

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